sábado, 5 de septiembre de 2009

CRITICA DE ESTANCOS DEL CHIADO ( Salva Redón, Revista del Taxi: Agosto de 2009)


Mentre el gran públic devora quatre
best sellers a centenars de milers, hi ha
desenes de nous llibres molt més nutritius
que passen desapercebuts. És el
cas de Estancos del Chiado, un llibre
de relats que cal degustar amb calma,
paraula a paraula, frase a frase, conte a
conte, per gaudir de la literatura durant
moltes hores, molt més enllà de les
dedicades estrictament a la seva lectura.
O a la seva relectura!
El volum recopila una dotzena de relats
tots ells premiats en diferents concursos
literaris. Concursos, cal matisar,
que poc tenen a veure amb els coneguts
certàmens dissenyats com a
estratègia promocional de tal o qual
novel·la o novel·lista. Concursos, però,
molt prestigiosos en la modalitat de
relat: Kutxa Ciudad de San Sebastián,
Julio Cortázar de l’Instituto Cubano del
Libro, Ciudad de Cádiz, i un llarg etcètera.
Els contes s’agrupen en tres
blocs: Mitologías, El jardín de la memoria
i Ocasos; però és un concepte del
segon bloc, memòria, el que dóna un
pòsit comú a tot el contingut. La
memòria com a record real, concret i
individual, o com a enyorança d’un
passat no viscut, intuït, sovint de domini
públic; destil·lada per la sensibilitat
personalíssima de l’autor per ser retornada
a l’esfera col·lectiva de la millor
manera possible, com a nova matèria
primera per a la retroalimentació d’una
memòria comuna, compartida, enriquidora
i vivificant. Ecos, mirades, actituds
i paraules per retenir.
Tal és l’efecte provocat per Fernando
Clemot, per allò que escriu i per com ho
escriu. Perquè és el llenguatge la clau
que permet l’aprehensió precisa del passat,
dels espais i de les personalitats dels
protagonistes de Estancos del Chiado.
Un llenguatge precís i elegant, escollit
amb cura d’artesà, de forjador d’històries,
propi del lector infatigable que es
coneix els clàssics de debò. Un llenguatge
molt líric, alhora, que no busca sorprendre
amb efectismes, sinó conjurar
els significats amb la riquesa infinita dels
significants per tal de projectar una imatge
plena de contingut, una evocació tangible.
En literatura es pot transcendir l’ànima
d’una altra manera?
Qui vulgui transitar pel llibre es trobarà
amb escenaris i personatges reals perfectament
recreats –que no només descrits–
per Fernando Clemot: Lisboa,
París, Roma, Barcelona, Totò, Eça de
Queiroz... Escenaris i personatges que,
lluny de constituir meres excuses per
desenvolupar qualsevol tema o trama,
esdevenen motius fonamentals dels
relats. És freqüent partir d’una situació
més o menys anecdòtica per desembocar
en una història densa, intensa, de
desenllaç desassossegant o, com a
mínim, incert, mai complaent, perquè
no hi ha veritat més universal que el pas
del temps i l’abocament a la ruïna física,
quan no també moral, d’allò que un dia
potser va ser gran o molt gran, ja siguin
persones, paisatges, o construccions o
creacions humanes. Això és el que descobreix
un jove i ambiciós periodista que
vol arribar fins a un moribund Totò a El
príncipe del Vómero. Això descobreix
també el protagonista del relat que dóna
títol al llibre, Estancos del Chiado, al barri
lisboeta “del que todavía brotaba un hálito
de humo, a escombro, un bostezo
vago como el que deja en la boca el primer
café de la mañana. Luego con el
pasar de los coches y autobuses aquel
espectro desaparecía, retornaba aquel
fuelle al estómago fétido de las ruinas”.
El que descobreix l’adult que recorda un
paradís d’infant a El verano del cortapichas,
o l’home vençut pels remordiments
quan retorna a l’escenari fatídic
de Piedivalle a Levante.
Tanmateix, que ningú no pensi que ens
trobem davant un llibre pessimista,
melancòlic i encarcarat. Hi ha molta ironia
recorrent la columna vertebral de l’obra,
inclús moments decididament
humorístics. Relats com Árbol de familia
o Terrazas de otoño no deixen indiferents
precisament perquè tracten amb un to
desenfadat qüestions prou serioses.
No ho havia dit, però no puc recomanar
Fernando Clemot sense apuntar que va
néixer a Barcelona el 1970 i que compagina
creació i edició literària. És
col·laborador de revistes com Quimera,
Barcarola, Literaturas, Paralelo Sur, La
Jiribilla, El Otro Mensual y La Siega. Ha
estat finalista en alguns certàmens de
novel·la, gènere en el qual prepara una
imminent incursió pública. De ben
segur us en parlaré un altre dia.
Salvador Redón
revista-taxi@amb.cat

Enlace con la edición de la revista:
http://www.taxibarcelona.cat/Portals/0/pdfs/pdfs/Taxi%20185web.pdf

ESTANCOS DEL CHIADO EN RNE





El pasado 2 de agosto el programa de Radio Nacional ( Radio 5) hizo un monográfico sobre Estancos del Chiado. El programa lo dirige el escritor Juan Jacinto Muñoz Rengel y al mundo del relato corto.
El Web del programa es:
http://rne.literaturaenbreve.com/2007/10/literatura-en-breve-es-el-programa-de.html
Estamos esperando el audio de la emisión para enlazarlo

martes, 30 de junio de 2009

CRÍTICA DE ESTANCOS DEL CHIADO ( Luis Vea García, Llegir en cas d'incendi, junio de 2009)







Para leer algunos de los libros que se editan actualmente no hace falta nada, ni siquiera interés. Algunos se leen en un continuo pasar de hojas en el que uno puede saltarse frases sin que el resultado final quede alterado. Para leer el libro de Fernando Clemot, Estancos del Chiado, uno debe preparar el espíritu, debe tener esa rara disposición que sólo poseen los que abren los libros para releer una línea o un párrafo. Porque la lectura de Estancos del Chiado debe ser una lectura pausada, línea a línea, palabra a palabra, degustando cada adjetivo tanto como cada verbo.

Es el lenguaje de Clemot un lenguaje depurado, que busca el término exacto pero, a la vez, que se deleita con las sonoridades, con las letras, con las palabras... Fernando es, evidentemente, un constructor de historias, un artesano del cuento. Perfecto conocedor de los tiempos en que se desarrollan las acciones, recorre las historias con la intensidad precisa procurando nunca defraudar, incluso cuando alguna vez se puede intuir el final del relato (Cazadores de ganado). No es extraño que con semejantes habilidades, Clemot haya ganado tantos premios. El autor divide el libro en tres partes: Mitologías, El jardín de la memoria y Ocasos. Son los que conforman la última parte, los cuentos cuya redacción es más sencilla, historias en las que el autor va tirando del hilo desde la anécdota hasta llevarnos a un inesperado desenlace. Son cuentos para leer de un tirón pero que dejan poso. El poso de la reflexión que invita a una posterior relectura. Y, sin embargo, hay una excepción. El primero que constituye esta serie, Levante, es un cuento que, en sí mismo, esconde el más terrible de los secretos. Un secreto al que el autor nos va llevando lentamente, iluminándonos el camino hasta mostrarnos el panorama en un final absolutamente desasosegante.

La primera parte, Mitologías, me remite a la redacción del mito que hacía Roland Barthes en Mitologías. Fernando Clemot convierte en personaje a Eça de Queiroz en un relato, Una dame sans merci, acercándose a los cuentos de Poe. Juega con la historia en el relato Orgullosamente apasionado, a veces con la capacidad de alterarla o de gestar una ucronía.

En la segunda parte, El jardín de la memoria, Fernando Clemot habla del recuerdo. Un recuerdo a veces cercano, El verano del cortapichas, Bautizos de primaveras pasadas. Otras veces el recuerdo nos remite a un lugar, a Lisboa, como el relato que da título al libro, Estancos de Chiado. Incluso se atreve a investigar sobre su propio origen.¿Cuánto habrá de fantasía y cuánto de realidad en esa historia?. En definitiva, si la lectura pausada, si la lectura que deja poso, si la lectura de un libro que hace reflexionar les seduce, lean a Fernando Clemot.

Lean Estancos del Chiado.

Luis Vea García.

miércoles, 10 de junio de 2009

ANTICIPO DE "EL GOLFO DE LOS POETAS" DE FERNANDO CLEMOT, DE APARICIÓN EN SEPTIEMBRE EN EDICIONES BARATARIA






Adjuntamos la reseña de Jordi Gol sobre la novela "El golfo de los Poetas" de Fernando Clemot, que publicará en septiembre Ediciones Barataria ( http://www.barataria-ediciones.com/)

Opinión crítica sobre “El golfo de los Poetas”
por Jordi Gol Corzo


El golfo de los Poetas discurre paralela a dos ejes temáticos principales: la memoria y el absurdo existencial. Leo Carver es una figura lúcida que, lejos de aceptar la ausencia de sentido de la vida, se enfrenta al mundo desde una actitud trágica, a través del exceso alcohólico, sexual y social, aún sabiendo que su lucha ante el vacío está condenada al fracaso. Buscando algo que justifique su vida, se embarca en un viaje en busca de una memoria imposible. Incapaz de retener sus recuerdos recientes, lo que le obliga a apuntar todo en una libreta, trata de dar un mínimo sentido a su vida reconstruyendo un momento fundamental de su trayectoria vital a través del contacto con lugares y personajes del pasado. Pero su visión deformada de la realidad se interpone constantemente y crea una historia distinta, una realidad subjetiva que se impone a la objetiva, creando un escenario paralelo, más real si cabe para la torturada mente de Leo Carver.
De esta forma, y a través de una singular interpretación de la novela memorialística, ya que se organiza en una compleja estructura –instalada en el tiempo subjetivo de la geografía mental del protagonista- de fechas, vivencias y anotaciones en las libretas, el punto de vista de Leo Carver lo invade todo y nos cuenta su propia realidad a través de su personal hermenéutica de los acontecimientos. El personaje se constituye en centro de la novela y de él emana la narración. De ahí que el lector, seducido por la personalidad de Carver, se deje arrastrar, llevado por su percepción del mundo, pero manteniendo siempre una sombra de duda, de sospecha de que es más la voluntad de Carver la que impone los hechos que estos por sí mismos. Dentro de este contexto Carver se exhibe a sí mismo como un ser torturado, en lucha constante contra un absurdo existencial que no comprende y que se niega a aceptar. Un personaje de tragedia clásica en busca del error trágico que lo condujo a su caída, pero mantiene una dignidad titánica en su particular descenso sin retorno a los infiernos. Un personaje cuya talla moral no viene dada por sus obras y sus actos (que más bien resultan amorales) sino por su capacidad de rebelión ante lo que cree absurdo, aunque sepa que esa rebeldía solo le va a conducir al desastre.
Todo ello narrado con un estilo personal, de una coherencia impecable con hallazgos tan fascinantes como los “conceptos-bisagra” (conceptos que abren puertas a otros)- y con un fino manejo de la ironía que alcanza todo su esplendor en la parte final de la novela

miércoles, 15 de abril de 2009

miércoles, 8 de abril de 2009

CRÍTICA DE ESTANCOS DEL CHIADO (Pedro Redondo Reyes: Revista Letra Clara, núm.22. Universidad de Granada, abril 2009)




Tiempo, yo, estilo: teoría de la memoria
Fernando Clemot, Estancos del Chiado. Paralelo Sur Ediciones, Barcelona 2009. ISBN 978 84 612 8548 8. 197 págs.

El género del cuento es quizá aquel que deja más en evidencia el talento o la ambición literaria del escritor que lo visita. Es lo más parecido a la necesidad de arquitectura de la poesía, a la verdadera conciencia de que con las palabras no es posible jugar, ni encomendarlas al azar de una mera escritura. Y por eso raramente los cuentos admiten estar en tierra de nadie, es decir, o son literatura en el sentido exacto de la palabra o no serán. Y este volumen de Fernando Clemot, escritor y editor nacido en Barcelona en 1970, es literatura en el sentido en el que, hoy por hoy, por sus exigencias, pocos se atreven a seguir. Clemot es un escritor de reconocida calidad, cuya narrativa viene cosechando premios internacionales desde 2002.
Estancos del Chiado reúne doce cuentos agrupados en tres motivos diferentes, que dan cuenta de un pensamiento literario en absoluto azaroso, antes bien con un decidido impulso de indagación y reflexión literarias que confieren sentido unitario al volumen. El primero de estos motivos, Mitologías, agrupa cuatro piezas memorables cuya materia es más o menos histórica: fabulaciones en torno al final del cómico italiano Totò, al portugués Salazar o a Eça de Queirós. En estos cuentos se advierte la poética de Clemot en lo que a los fines de la literatura se refiere, y también qué tiene que ver con la Historia y sus personajes; es más, qué es un personaje y qué tiene de transfigurador para quien se siente alejado por un universo de distancia. Pues Clemot traza la historia de momentos singulares dotados de un poderoso élan subjetivo, personal, cuya materia es la memoria, el recuerdo mismo, la evocación de un sujeto expuesto a la amargura del paso del tiempo. Pero realiza, a la vez, el milagro de que esta evocación de una subjetividad intransferible adquiera, por vía de una prosa exquisita y autosuficiente, un valor universal. La universalidad de un personaje histórico en la subjetividad de un narrador ajeno, el conocimiento que de la naturaleza humana aporta a través de lo único real, el tiempo y su contextura verbal, es lo que hace de Clemot un escritor ajeno a la veleidad de entender una quest personal –hay tantas hoy día en literatura– como algo interesante por sí mismo.
Es el Tiempo y su memoria, pero entendido de la única manera posible, con palabras, lo que está anunciado en estos cuentos. Por supuesto, cada uno de ellos tiene una anécdota, un mýthos como diría Aristóteles, pero queda trascendida cuando el lector percibe que quizás se halle ante una de las explicaciones que tanto buscaba, y ha de afanarse gozoso, de nuevo, en su busca a través de cada palabra, de cada párrafo, que en sí mismos, en todos los cuentos, son el cuerpo de la memoria, lo único que la actualiza.
“Durante un instante le traen a la memoria sus años en Coimbra, las noches de vino bajo la alfombra abovedada de alguna república, los primeros aplausos, recuerdos que se han hecho lejanos, debilitados, como una acuarela expuesta al sol y los elementos y cuyo trazo se hubiera desdibujado” (Una Dame sans Merci). La memoria busca su realización en plena literatura, pero la narración consigue el autoconocimiento, la explicación inacabada en la que alguien está a punto de lograr el porqué de una circularidad vital que genera angustia y sin sentido: “...aquello parecía haberlo leído antes, como si reviviera el fragmento de una de sus novelas, lo podía haber escrito él, podía ser él el poeta, sonaban suyas aquellas palabras, y miró entonces al joven y se sintió como cada mañana que se enfrentaba al espejo, reviviendo imágenes del pasado, con más saludo, con más brío, quizás era a sí mismo al que leía en aquellas líneas picudas”.
Como en el poema de Gil de Biedma donde el sujeto se enfrenta en el espejo a su propio reflejo, ajeno, el yo de los cuentos de Clemot está desdoblado, pero de una manera circular, porque el escritor advierte que el Tiempo es el fluir continuo que da sentido a la peripecia vital del personaje; en muchos de los cuentos a lo largo del volumen, el final de la narración, el borde físico del texto no es sino una vuelta al inicio, una vuelta que quizá salve al personaje (por ejemplo, Levante, Una Dame sans Merci e incluso el que da título al volumen, Estancos del Chiado).
Las otras dos secciones son una clara descripción de lo dicho: El jardín de la memoria y Ocasos. Todos sus cuentos pueden ser contemplados como la inextricable relación entre tiempo, memoria y formación, donde formación equivale, al contrario que la tradicional Bildung literaria, a desarmar pieza a pieza nuestra inocencia primigenia: “Es la inocencia un gigante de juguete al que se le van cayendo las piezas, y algunas de ellas debieron quedar allí, en aquel desmonte de cascotes y hierros negros” (El verano del cortapichas). La vida es contemplada como un viaje (iniciático) a través de las modernas islas de Circe o Nausícaa, los estancos, si bien cuando el héroe regresa a su particular Ítaca, comprueba, como escribió Cavafis, qué son las Ítacas.
Incluso, en el cuento titulado Bautizos de primaveras pasadas se ensaya una teoría de la memoria: una suerte de sucesión de cangilones en una noria, siendo nosotros mismos, después de todo, tan sólo un episodio más de otras memorias, de otros recuerdos. Memoria dentro de la memoria, texto dentro de un texto, peripecia vital en un marco cuya naturaleza sólo al final puede uno vislumbrar, como ocurre en el cuento Levante. El narrador escribe en Bautizos...: “Extraño artefacto nuestra memoria, noria antigua cuyos brazos baldean el agua de una charca a medio perder, evaporándose al tiempo que los recuerdos. Unas veces suben los cubos de esta cenia agua y otras lodo, las más sin duda, que no recordar también es recuerdo como un cubo vacío no deja de ser cubo”. Por eso, las sensaciones del recuerdo son lo único común a las vidas pasadas y futuras.
Fernando Clemot ejecuta un perfecto artefacto literario que funciona a través de muchos planos: la memoria, el desconocimiento y error que conlleva el paso de la vida, la culpa como sinónima de aquélla y la indagación sobre su redención, la posibilidad de conocimiento a través de una prosa que no abandona en ningún momento una calidad extraordinaria (fusionando de forma extraña una subjetividad ininterrumpida con una objetividad lancinante). Es decir, literatura.

PEDRO REDONDO REYES

PRESENTACIÓN DE ESTANCOS DEL CHIADO EN LA LLIBRERÍA CARRER MAJOR ( 7/04/09)





lunes, 6 de abril de 2009

PRESENTACIÓN DE ESTANCOS DEL CHIADO EN LA LLIBRERÍA CARRER MAJOR



PRESENTACIÓN DE "ESTANCOS DEL CHIADO" EN LA LIBRERÍA CARRER MAJOR

El próximo martes 7 de abril a las 20 horas se presentará Estancos del Chiado en la librería Carrer Major de Santa Coloma de Gramanet ( C/ Major, 13)
Se encargarán de presentar el libro los poetas Pedro Luis Cano y Javier Cubero y el propio autor.